lunes, 14 de octubre de 2013

¿Son ideas mías o esto es difícil?

Hay lugares en los que uno quiere estar y hay lugares en los que uno debe estar.

Haberme residenciado por segunda vez ha sido aterrizar en la realidad de forma más aparatosa en comparación a cómo fue cuando estaba en la universidad. Cada vez me convenzo más de que aquello, con todo y sus complicaciones de fin de mundo, era un burbuja rosada. Ahora en el mundo de los adultos que se costean sus propios gastos todo es diferente y parece más difícil.

El viernes -que es mi día favorito de la semana- sería perfecto sí no tuviera que pasar cuatro horas en la autopista para llegar a Maracay. El domingo sería perfecto sí después no viniera el lunes y si eso no significara abandonar mi casa (la de mis papás). Ese es el momento reflexivo, miro la casa a mi alrededor y recuerdo las noticias que leo todos los días en la oficina, y recuerdo lo que he hablado con mis amigos que se han ido del país o los que planean irse. En ese momento parece una verdad irrefutable que al quedarme donde estoy, que es donde quiero estar, jamás tendré esas cosas -la casa, el carro, los muebles...-. En ese momento mis padres son héroes.

Aunque no sea mi lugar favorito, creo que estoy donde debo estar en este momento. Y creo que la clave es no perder la paciencia ni el foco mientras espero que se den las condiciones para que el aterrizaje aparatoso se convierte en despegue.

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