Se lo escuché decir a los gerentes hace unas semanas, cuando estaban compartiendo sus inquietudes acerca de lo que sucedería con el dólar y el tipo de cambio. Comentan que todo el que ve desde afuera se queda perplejo y nunca entiende que es CADIVI o que fue el SITME, así como tampoco entienden esa aparente insensibilidad de la demanda de cierto bienes ante los precios, ni se puede explicar de dónde sale tanto dinero en un país con unas condiciones macroeconómicas tan desfavorables. Concluyeron diciendo "Aquí está la plata, solo hay que resistir y aguantar el chaparrón".
Para mi fue cómico y alentador, y terminé de comprenderlo este fin de semana cuando recibí una de las clases más emotivas de Lidera, la de presupuesto de la nación, con el profesor José Manuel Puente. Lo que nos pasa es normal, son las paradojas de nuestro país petrolero. Vivimos en un país -son palabras mías, no del profesor- con un petroestado paternalista que suma ya varios años invirtiendo su dinero en malcriar al pueblo, un pueblo que está convencido de que tiene derecho a vivir subsidiado porque la caja chica de PDVSA aguanta todo, cualquier impuesto, cualquier transferencia derivada de cualquier decreto, de cualquier ley, de cualquier capricho. En la primera página de los periódicos, junto a los titulares que hablan de inflación, devaluación y asesinatos, debería aparecer la noticia de que estamos entre los primeros países consumidores de whisky y comésticos Clinique.
Es abrumador, desconcertante. Locademia de economía, dijo el profesor Puente. Y después dijo que tampoco es el fin del mundo, de hecho, es un chiste delante de lo que vieron los alemanes cuando terminó la segunda guerra mundial, tenían un país en ruinas y tenían que pagar los costos de la guerra, porque la habían perdido. Hoy son el motor económico de la Eurozona. Conclusión: paciencia, sólo hay que aguantar el chaparrón. Así como algunos alemanes vivieron lo suficiente, desde el fin de la segunda guerra mundial hasta la caída del muro de Berlín, nosotros podemos correr con la misma suerte, y vivir lo suficiente como para disfrutar de lo bueno que nos dejen las lecciones de hoy.