El precio de pasar una noche más en casa se paga en forma de menos horas de sueño, con la consecuencia de todo el día como un zombie, claro está. Estaba anhelando que se terminara la jornada laboral para venirme a la residencia, pero decidí dedicarle unos minutos adicionales a la búsqueda (por Internet) de un repuesto para el carro de mi papá. Luego salí de la oficina y seguí cabeceando y bostezando hasta llegar a la residencia.
Guardar demasiadas cosas en los bolsillos puede darte sorpresas no gratas. Cuando llegue a mi cuarto y empecé a vaciar mis bolsillos no tenía ni mi pen drive 4 GB con una colección de libros sobre Corporate Finance y Excel, ni la lista con los números de teléfono de los concesionarios a los que había llamado preguntando por el repuesto para mi papá ¿en qué estaba pensando cuando decidí meter el carnet de la oficina, las llaves de la casa, el pen drive y la lista en un mismo bolsillo? No importa, a lo mejor ni siquiera estaba despierta.
La rabia me espantó el sueño como por dos horas. Ahorita ya parece todo menos complicado: el pen drive esta cifrado y quien se lo encuentre no lo va poder usar, yo tengo respaldo de casi todos los libros y documentos en la laptop en la oficina, y de la lista no hay mucho que recordar, todos los concesionarios habían dicho "no hay, se agoto hace seis meses y no sabemos cuando llegue". Debí haber hecho la lista en Word.