lunes, 24 de febrero de 2014

#PrayForVenezuela

Si antes era complicado planificar, hoy es casi nocivo para la salud. A estas horas ni siquiera sé cuántos días durara el "asueto de carnaval" este año.
 
Al igual que medio país, se me ha hecho sumamente díficil conciliar el sueño por las noches, y estoy revisando Twitter a cada momento para saber que (y que no) está pasando en la ciudad, excepto el miércoles pasado cuando las detonaciones, los gritos e insultos venían desde la avenida principal que está junto a la urbanización donde vivo en Caracas, y yo sabía bien lo que estaba pasando sin necesidad de leer el Twitter, solo pensaba "Fascinante y terrible, este en serio es un régimen represivo... y asesino".
 
La noche siguiente ocurrió lo mismo en la urbanización donde viven mis padres en Maracay, y así siguió ocurriendo durante todo el fin de semana y hoy, cuando los vecinos decidieron sacar todos los muebles que iban a tirar a la basura y quemarlos en la calle dejando los carros encerrados entre las cuatro cuadras circundantes al edificio.
 
En Caracas cerca de la oficina pasa lo mismo, hace días que nos dejan salir más temprano para que podemos tomar las previsiones necesarias para garantizar que llegaremos a nuestras casas. Que desastre. Que desagradable se siente entender el significado de "guarimba sin sentido", que desagradable comprobar que la gente en serio no entendió por donde es la salida. 

lunes, 17 de febrero de 2014

Aquí nadie duerme

Esta no es una entrada común. Usualmente me abstengo de publicar los lunes cuando coinciden con alguna festividad, y este no es el caso. Solo voy a usar estas líneas para recordarme a mi misma el motivo por el cual no escribí hoy: protestas en Venezuela desde el 12F, con muertos, torturados, violaciones a los DDHH y blackout informativo incluido. 

Mañana 18F, el día de las dos marchas. Definitivamente no hay otra expresión: amanecerá y veremos. 


lunes, 10 de febrero de 2014

"Recalculando..."

Eso es lo que dice el GPS de un amigo cuando le ha marcado una determinada ruta entre dos puntos y él omite un cruce o por el contrario cruza, pero por donde no debía. El GPS de mi amigo tiene voz de mujer, él le llama Carlota.

Hace unos meses le comentaba a una amiga, quien se fue a Colombia hace poco más de año, que planificar aquí en este país es mentalmente agotador: cuando crees que tienes las cosas más o menos bajo control, te cambian las reglas o condiciones del juego, a veces de forma tan brusca que casi tienes que definir el plan desde cero. En ese momento la brújula se te mueve y empieza el "recalculando" en tu mente. 

La regla de oro es ser lo más pesimista posible, con la intención de estar preparado, blindado ante el peor escenario. Y es así como el ejercicio de emprender un proyecto de vida aquí termina pareciéndose cada vez más a un deporte extremo, a una carrera por la supervivencia, más bien por la cordura y los nervios.

Dos de mis mejores amigos se van del país en dos semanas. Mi roommate está haciendo los trámites para irse a Dublin (según el Chigüire Bipolar, la ciudad más segura de Venezuela). Yo me quedo. Les he pedido tiempo para planificar las cosas y les he prometido que pondré de mi parte y no me expondré demasiado a nuestro entorno violento para no hacerlos venir a mi funeral. 

Tiempo, por favor, no puedo recalcular tan rápido como Carlota. 

Es una comparación injusta, ella al menos tiene un mapa en el que puede confiar. 

lunes, 3 de febrero de 2014

Más palabras de Leonardo

Yo no tengo mucho que explicar cuando ya Leonardo Padrón lo hace tan bien. Formas del adiós es su artículo que salió en El Nacional ayer. Voy a agregar mis dos párrafos favoritos, con la esperanza de animarte a leer.

En los semáforos hay suficiente tiempo para torcer el destino. Una mujer, en sus cuarenta, manejaba su camioneta con la desaprensión de quien siente que la vida le sonríe. Venía del autolavado y todo resplandecía a su alrededor. Ahora iba al gimnasio. Estaba dispuesta a tener un gran día. Frenó pausadamente en la luz roja de un semáforo. Vio a su costado un hombre en silla de ruedas, con la mano extendida y una sonrisa que buscaba un poco de indulgencia y solidaridad. No era su costumbre, pero ese día se sintió dispuesta a hacerle un guiño al prójimo. Buscó en su cartera un billete de 10 Bs. y bajó el vidrio sólo lo suficiente para darle el dinero al simpático indigente. En un veloz movimiento de manos el hombre lanzó una rata viva y membruda por el espacio abierto de la ventana. La rata corrió sobresaltada de un lado a otro dentro de la camioneta. La mujer entró en absoluto pánico y se bajó de la camioneta. Corrió largos metros gritando, histérica, ofuscada por el asco y el susto. Cuando el espanto la dejó voltear, ya no había camioneta, ni indigente, ni silla de ruedas. Se quedó incluso sin cartera, papeles ni dinero en mitad de la calzada. Sólo los brincos de su corazón. El semáforo ostentaba su luz verde. La luz que parecía decirle adiós a su camioneta y a la solidaridad con el prójimo.

***

Vivimos la hora más menguada de nuestra historia reciente. La economía es una araña negra que camina sobre nuestros estómagos. La gente malbarata sus días en colas interminables para conseguir harina, leche y aceite. La prensa escrita está viviendo una exasperante agonía que puede desembocar en su desaparición absoluta. Algo inédito en el planeta. A las líneas aéreas no les está quedando más remedio que borrarnos de sus destinos. Comenzamos a sentir claustrofobia, encierro, ahogo. Hay un rictus general de desazón. Parece que nos hubieran mudado de sitio sin darnos cuenta. Somos pura noche en una geografía de luz caribeña. El país tiene forma de pistola. Hasta los llamados a la paz vienen con amenaza incluida. Se multiplican en muchos hogares las conversaciones nerviosas. Es el momento de las decisiones. ¿Irnos? ¿Resistir? ¿Luchar? ¿Decirle adiós al país o a la vida?

Te sirves un trago, te asomas al Ávila, piensas en tus hijos, en los riesgos que entraña cada decisión. Piensas con Méndez Guédez en esa definición de país que da Bolívar Coronado: “Lugar donde al menos cuentas con veinticinco abrazos; lugar donde llueve y te quedas dormido sintiendo que estás en casa”.

Es todo tan difícil. Tan inmerecido.

¿Cuál es la cola de inmigración hacia esa patria donde antes cabíamos todos los venezolanos?