Si antes era complicado planificar, hoy es casi nocivo para la salud. A estas horas ni siquiera sé cuántos días durara el "asueto de carnaval" este año.
Al igual que medio país, se me ha hecho sumamente díficil conciliar el sueño por las noches, y estoy revisando Twitter a cada momento para saber que (y que no) está pasando en la ciudad, excepto el miércoles pasado cuando las detonaciones, los gritos e insultos venían desde la avenida principal que está junto a la urbanización donde vivo en Caracas, y yo sabía bien lo que estaba pasando sin necesidad de leer el Twitter, solo pensaba "Fascinante y terrible, este en serio es un régimen represivo... y asesino".
La noche siguiente ocurrió lo mismo en la urbanización donde viven mis padres en Maracay, y así siguió ocurriendo durante todo el fin de semana y hoy, cuando los vecinos decidieron sacar todos los muebles que iban a tirar a la basura y quemarlos en la calle dejando los carros encerrados entre las cuatro cuadras circundantes al edificio.
En Caracas cerca de la oficina pasa lo mismo, hace días que nos dejan salir más temprano para que podemos tomar las previsiones necesarias para garantizar que llegaremos a nuestras casas. Que desastre. Que desagradable se siente entender el significado de "guarimba sin sentido", que desagradable comprobar que la gente en serio no entendió por donde es la salida.