lunes, 28 de enero de 2013

Las ganas de estudiar

Hace unas noches hablé con Sonia y ella me pregunta (como casi todo el mundo) por el trabajo, así: 

- ¿y el trabajo? ¿te gusta lo que haces?
- El trabajo...
Ya voy para cinco meses
¿Si siento la necesidad de querer aprender todos los días a hacer mejor lo que hago, significa que me gusta?

El problema con las pasiones es la moderación. Una vez el profesor Domingo Sifontes nos dijo en clases que a él le gustaba estudiar, y que antes de entrar a la universidad estaba seguro de que le podía ir bien en cualquier carrera, porque simplemente estudiar era -y sigue siendo- lo suyo. Recientemente conocí a Carlos Ñañez, economista que trabaja para la Alcaldía de San Diego y como profesor de Matemáticas en la UC,  escribe el marco metodológico de los reportes de la pobreza municipal como si aspirara a trabajar para el Banco Mundial, no creo que muchas personas en la Alcaldía entiendan de qué esta hablando cuando dice que va a estimar la curva de Lorenz para el municipio. 

Esa vena de científicos no nos deja en paz, o es una rara fijación con estudiar y aprender, que ataca a unos pocos. Debe ser eso lo que provocó que Jesús proyectará las ventas futuras del local de su mamá, y debe ser eso lo que me tiene a mi estimando la elasticidad precio de la demanda del pegamento para conexiones de PVC, ambos usamos regresiones. 

¿Cómo sé que ya el sentimiento no es moderado? Porque veo las fotos de cuando una de mis compañeras de trabajo obtuvo su título de maestría y pienso "Quiero volver a graduarme, ya".  

lunes, 21 de enero de 2013

Como un limón con vinagre

Parece que la primera vez que voy a escribir sobre alguien en este blog, tendré que cederle el privilegio a una persona no tan simpática. El director del instituto donde tomo mis clases de inglés, es un personaje. 

Desde que nos conocimos, el hombre ha sido incapaz de mostrarse amable o cortés, no le cayó bien que yo llegara pidiendo un examen de nivelación y parecía satisfecho cuando me entregaron los resultados indicando que sólo podía adelantar hasta el segundo nivel (de un total de diez). No muestra ni una pizca de asombro o consideración por mi beca, pero se la pasa recordándome todas las posibles causas por las que puedo perderla. Su sentido del humor es igual de malo que su carácter  la única vez que dijo algo parecido a un chiste delante de mi, fue cuando se ofreció a pintarme un bigote "como el de Hitler" con un bolígrafo negro.

No lo extrañé ni un poquito en Diciembre, evidentemente. Pero ahora llego a cursar mi quinto nivel del curso, con la plena convicción de terminarlo este año, lo más pronto posible, y me encuentro con que no hay matricula suficiente para comenzar. No voy a esperar uno o dos meses, sino al menos tres para reanudar mi curso, y el señor me dice "Te vas a tener que cambiar para las mañanas, las tardes o los sábados, porque si congelas pierdes la beca". Claro, porque es culpa mía que no seamos suficientes estudiantes.

Vamos, llevo casi cinco meses en este plan. Trabajo de lunes a viernes, viajo a Caracas todos los sábados, estudio inglés en las noches de lunes a jueves y aun con todas las responsabilidades de mis otras actividades y el karma de tener que atravesar todos los días la autopista regional del centro he pasado todos los niveles con muy buenas notas, incluso a pesar de los diferidos que tengo que presentar cada vez que me agarra una cola en la autopista. 

O este señor es muy ciego, o yo soy muy soberbia, pero no entiendo cómo estoy en riesgo de perder mi beca.    

lunes, 14 de enero de 2013

Tu no has visto nada

Esta semana, una de mis tías -que vive en otra ciudad- estuvo de visita en mi casa, se quedó por casi ocho días. Justo en esta semana que yo me acabo de reintegrar al trabajo y a Lidera. Mi tía sólo me veía un ratico en las noches, antes de que yo me encerrara en mi cuarto a leer y a escribir para el proyecto de políticas públicas. Jamás me vio despertar una mañana, si era día de semana yo ya estaba en la oficina a la hora que ella se levantaba, el sábado estuve todo el día en Caracas y el domingo antes de las 10 am en San Diego. 

"Tus papás te van a tener que comprar un carro para que puedan descansar"; "No mija, agarra vacaciones y deja que los demás también agarren vacaciones", "Tu prima manda a decir que te estás matando", y así todas las frases que encontró para manifestar su asombro/horror porque yo no me puedo quedar quieta en mi casa, claro, siempre puedo quedarme en mi casa, pero no quieta, así no es divertido. 

Hoy fue el colmo. Estaba en el aeropuerto, junto a mis padres, acompañándola, cuando recordé que hace dos meses a un compañero de trabajo le confiscaron un extintor que intentó transportar en su maleta. Después de que le hicieron el chequeo a mi tía, yo como quien no quiere la cosa le planteé el caso a uno de los empleados de la aerolínea y le pregunté qué debía hacer la próxima vez que a algún compañero le confiscaran algo. Después de una breve conversación, el empleado fue a la oficina a preguntar y regresó con el extintor. 

Mi tía me ve y me pregunta "¿qué haces tu con ese extintor muchacha loca?". Jajaja, ay tía, te faltó verme ayer por un huequito mientras entrevistaba autobuseros y perseguía a un autobús por San Diego. Tu no has visto nada.

 

lunes, 7 de enero de 2013

Bienvenido 2013

Parece que es algo tarde para desear feliz año, sin embargo todos los que nos vimos hoy en la oficina, por primera vez en lo que va de 2013, nos saludábamos con bastante emotividad. 

Estoy sufriendo de una especie de síndrome postvacacional agudo: estoy cansada como si no hubiese pasado varios días durmiendo hasta tarde, tengo el sueño descontrolado, esta mañana olvidé el carnet en casa -como los niños de la escuela cuando llegan al salón sin lápiz un lunes- y en medio del desorden que ha dejado la remodelación, el espacio en la oficina se siente un poco extraño, como cuando era nueva.

Empiezo a creer que mis verdaderas metas de año nuevo aparecerán en marzo o abril, cuando concluya las tareas de largo plazo que comencé en 2012. Es difícil no contagiarse con el espíritu de año nuevo, vida nueva del que todo el mundo habla en estas fechas, pero lo cierto es que indistintamente de la actitud con la que uno asume un cambio de año, lo importante es la constancia, quizá uno de los pocos factores seguros del éxito.

Así que queridos lectores, eviten dejar cabos sueltos y keep going.

Feliz año ;).