Hace unas noches hablé con Sonia y ella me pregunta (como casi todo el mundo) por el trabajo, así:
- ¿y el trabajo? ¿te gusta lo que haces?
- El trabajo...
Ya voy para cinco meses
¿Si siento la necesidad de querer aprender todos los días a hacer mejor lo que hago, significa que me gusta?
El problema con las pasiones es la moderación. Una vez el profesor Domingo Sifontes nos dijo en clases que a él le gustaba estudiar, y que antes de entrar a la universidad estaba seguro de que le podía ir bien en cualquier carrera, porque simplemente estudiar era -y sigue siendo- lo suyo. Recientemente conocí a Carlos Ñañez, economista que trabaja para la Alcaldía de San Diego y como profesor de Matemáticas en la UC, escribe el marco metodológico de los reportes de la pobreza municipal como si aspirara a trabajar para el Banco Mundial, no creo que muchas personas en la Alcaldía entiendan de qué esta hablando cuando dice que va a estimar la curva de Lorenz para el municipio.
Esa vena de científicos no nos deja en paz, o es una rara fijación con estudiar y aprender, que ataca a unos pocos. Debe ser eso lo que provocó que Jesús proyectará las ventas futuras del local de su mamá, y debe ser eso lo que me tiene a mi estimando la elasticidad precio de la demanda del pegamento para conexiones de PVC, ambos usamos regresiones.
¿Cómo sé que ya el sentimiento no es moderado? Porque veo las fotos de cuando una de mis compañeras de trabajo obtuvo su título de maestría y pienso "Quiero volver a graduarme, ya".