Haberme residenciado por segunda vez ha sido aterrizar en la realidad de forma más aparatosa en comparación a cómo fue cuando estaba en la universidad. Cada vez me convenzo más de que aquello, con todo y sus complicaciones de fin de mundo, era un burbuja rosada. Ahora en el mundo de los adultos que se costean sus propios gastos todo es diferente y parece más difícil.
El viernes -que es mi día favorito de la semana- sería perfecto sí no tuviera que pasar cuatro horas en la autopista para llegar a Maracay. El domingo sería perfecto sí después no viniera el lunes y si eso no significara abandonar mi casa (la de mis papás). Ese es el momento reflexivo, miro la casa a mi alrededor y recuerdo las noticias que leo todos los días en la oficina, y recuerdo lo que he hablado con mis amigos que se han ido del país o los que planean irse. En ese momento parece una verdad irrefutable que al quedarme donde estoy, que es donde quiero estar, jamás tendré esas cosas -la casa, el carro, los muebles...-. En ese momento mis padres son héroes.
Aunque no sea mi lugar favorito, creo que estoy donde debo estar en este momento. Y creo que la clave es no perder la paciencia ni el foco mientras espero que se den las condiciones para que el aterrizaje aparatoso se convierte en despegue.
Siempre ten presente, recogerás lo que siembras!
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