lunes, 29 de septiembre de 2014

Soñar sin restricciones

La tarea es responder a la pregunta ¿cómo ves tu vida en cinco años? Asume que todos tus sueños se harán realidad y que el país no se va a acabar en cualquier momento

Soñar sin restricciones es placentero, es embriagador. Creo que así es como viven los adolescentes la mayor parte de su tiempo ¿no es así? A veces le llaman soñar con pajaritos preñados, haciendo alusión a que se está soñando con cosas imposibles. Soñar sin restricciones puede ser peligroso si los sueños que se generan se alejan demasiado de la realidad y terminan desconectándote de ella, de sus riesgos y de sus oportunidades.

Queda claro que todo en exceso es malo ¿no? Ponerle demasiadas restricciones a los sueños es algo que a la larga puede terminar consumiendo todo el optimismo. La esperanza depende de la posibilidad de que algo que se desea efectivamente ocurra, si anulas la posibilidad matas la esperanza, si matas la esperanza (que es lo último que se pierde) no quedará nada.

Sin embargo las restricciones son necesarias para contextualizar, para establecer el vínculo adecuado entre medios (tus recursos) y fines (tus sueños o aspiraciones). Hacer realidad un sueño en ausencia de restricciones no tiene chiste, no hay hazaña ni hay milagro. 

Entonces tal vez la pregunta debería ser dadas ciertas condiciones/restricciones ¿cómo vas a administrar tu energía para hacer realidad tus aspiraciones?

lunes, 15 de septiembre de 2014

El tema de cada lunes

Mi hermana me pregunta cómo hago para tener un tema todos los lunes. Temas siempre hay, lo que a veces no hay es tiempo, no solo para redactarlos sino también para reflexionarlos de forma tal que merezca la pena exhibirlos aquí.

A veces no escribo para no aburrirme si considero que el tema está trillado (y si se trata de la situación del país, siempre lo estará), para eso reviso todos los días los titulares de la prensa, los artículos de opinión de El Universal y reviso Twitter cuando tengo tiempo. 

Cada vez me convenzo más de que todo depende del cristal con el que se le mire, y aunque a mi misma me parezca una locura a veces, el truco aquí está en saber esperar y en saber qué esperar. No será un enigma fácil de resolver pero tiene solución ¿no? Bueno, yo al menos creo que si la tiene, a menos que me esté equivocando al interpretar la dinámica de todo lo que me rodea. 

Tengo un amigo que cree que el verdadero llamado de atención para el gobierno puede llegar en forma de un paro general, que los cabecillas no mostraran ni una pizca de intención de rectificar mientras puedan tener la mínima certeza de que la rueda seguirá girando. Debe tener razón, tiene que pasar algo contundente porque es difícil convencerse de que el país está en crisis cuando sales un viernes por la noche y tienes que anotarte en una lista y esperar 60 minutos para entrar a cenar en un local en Caracas. Las contradicciones que nos caracterizan y que me desconciertan, son las contradicciones que siempre me darán un tema para mi blog.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Sueños, planes y hechos

"Tengo algo que decirles, y prefiero decirlo yo antes de que se enteren por otras personas. Me voy de la firma. Me salió trabajo en Lima" 

Con esas palabras mi gerente sentenció el inicio de una de las semanas menos productivas que hemos tenido en la oficina, comparable solamente a nuestro nivel de dispersión en los meses de febrero y marzo cuando llegaba a nuestro 7mo piso el olor del gas lacrimogeno que la GNB repartía en la Plaza Francia de Altamira.

- Mi antiguo jefe fue trasladado a Bogotá, empezó este lunes, y ahora nuestro gerente se va a Lima. Eso tiene que ser la señal de algo...

- Es la señal de que estamos bien jodidos, chamita

Así fue el resto de la semana. Hablar de él allá y de nosotros aquí, de su suerte y de la nuestra, de lo que dicen los Runrunes de Bocaranda, de lo que dice César Miguel Rondón, de lo que dice Luis Vicente León. Preguntas, conjeturas y escenarios, mucha incertidumbre y una que otra respuesta, pero más nada. 

A diferencia de lo que ocurre con los libros o las películas en los que somos lectores o espectadores, el final de nuestro drama colectivo no está definido con la suficiente precisión como para saber que va a pasar con cada uno de nosotros y cuáles son las acciones que más nos conviene tomar. Hay que resistir de forma activa y generar planes alternativos -aunque parezca una tarea cada vez más difícil-, porque es una de las pocas cosas que cada uno puede hacer en el intento de asegurarse una mínima cuota de bienestar mientras pasa y se termina este chaparrón de pesimismo.