La semana pasada, cuando leí los últimos Runrunes que Nelson Bocaranda publicaría en 2013, consideré que no sería mala idea seguir su ejemplo y darle al blog unas vacaciones, como las que me han dado a mi y gracias a las cuales estaré apartada de la capital del caos por algunos días. Para ser justa, debo reconocer que de hecho son estos días, cuando gran parte de los del interior nos regresamos a nuestras provincias, que Caracas suele ser una ciudad relativamente "disfrutable", al menos el metro es significativamente menos caótico.
A propósito de un intercambio de regalos que acordamos en la oficina, ha llegado a mis manos Los hombres que odiaban a las mujeres (Millennium I), el primer libro de la obra póstuma del señor Stieg Larsson (Suecia, 1954-2004). Estoy absorta con la historia y estoy leyendo a una velocidad comparable sólo con la velocidad con la que llegué a leer las novelas de Harry Potter. Aún cuando puede llegar a ser tan dramática y exagerada que parece ciencia ficción (llegando a recordarme las películas de Kill Bill de Quentin Tarantino), a veces incluso un poco predecible, estoy cautivada por la trama y es altamente probable que termine de leer la trilogía completa antes de la cena familiar de mañana. Me hace un poquito de gracia como me ha envuelto el libro: sí los personajes pasan horas sin dormir, intento hacer lo mismo; sí toman café, yo me antojo; sí descubren algo y no lo revelan explícitamente (y yo no lo puedo adivinar) me molesto con Larsson y después lo aplaudo por dar con la fórmula para conservar encadenado mi interés en su trabajo. Todavía estoy a 640 páginas de mi libertad, pero pasar a saludar por el blog es una función vital como comer, bañarme y esas cosas y merecía una pausa, así que ¡feliz navidad!

