Un día el país está de luto, al siguiente día está en campaña.
Ya lo dijo mi profesor Domingo Sifontes "Es importante tener claro que twitter no es el país...", pero que difícil no contagiarse con lo que ha estado pasando allí en los últimos días, y particularmente en las últimas veinticuatro horas.
Desde el martes pasado, cuando la realidad acabó con la paranoia gestada por algunos twitteros anónimos (léase LucioQuincio), mi lema había sido "Mantén la calma, recuerda, el odio no es más que amor cruelmente herido(*), además, no hay muerto malo. Empatía, tolerancia, paciencia".
Pero los días pasaron, el luto se volvió mediático y yo me indigné, me irrité muchísimo, me sentí impotente. El viernes después de la sesión extraordinaria en la AN me costó conciliar el sueño y no lo pude recuperar el sábado en el bus camino a mi clase de Lidera porque todos iban hablando/gritando sobre el tema.
Transcurre el domingo, y se define el candidato de la oposición. Otra vez Capriles Radonski.
Bruscamente, el estado de ánimo de mi TL pasa de resignado a optimista, me contagio y me gusta como se siente. "Calma, esto ya lo sentiste una vez..., y las cosas no salieron como esperábamos".
De repente me dan muchas ganas de saber de política, de encontrar algún elemento racional y objetivo que garantice que estamos tomando las decisiones correctas. Ah si, es que me gusta creer que a la gente que se porta bien, defiende y/o hace lo correcto le pasan cosas buenas, y existe la posibilidad de que ese no sea nuestro caso.
Nuestro caso es el siguiente: hay un compromiso, siempre lo ha habido, y es un compromiso de cada uno y de todos, es perpetuo y no depende de los ciclos electorales. No empezó el domingo ni se acaba el 14 de abril. Por lo tanto, independientemente de lo que pase ese día, habrá que seguir trabajando, con lo que haya o no.
La ventaja de este momento, es que estamos provistos de una euforia que para muchos hará del trabajo un paseo de placer.
(*) La frase no es mía, la leí en Internet pero no pude identificar a su autor.