Saberse la teoría no garantiza al 100% el éxito en la ejecución de la práctica, o de otro modo: del dicho al hecho hay mucho trecho. Una cosa es declararse no violento, otra controlar las pasiones cuando te tocan el botón de la indignación.
Esta mañana discutí con mi mamá. Me recordó el caso de Urquiola y dijo que era culpa de las barricadas, que propician la violencia y le ponen las víctimas en bandeja de plata a los gatillos alegres. Yo no estoy a favor de las barricadas, pero en ese momento, con un tono agresivo, "las defendí" ¿cómo me puede decir que es culpa de las barricadas? Para mi existe un sólo culpable, y no quiero aceptar ningún otro. La violencia aquí es política de Estado y todo lo demás es en defensa propia hasta que se demuestre que el acusado es un infiltrado, en ese momento si es probable que sea culpable.
En medio de todo este desastre ¿Por qué a algunos nos horroriza tanto y a otros apenas les sorprenden estas cosas? Porque ni la violencia, ni la miseria, ni la precariedad o la escasez son nuevas para una parte de la población, ese grupo de la población que el señor Leonardo Padrón llama Supervivientes (de más está decir que los invito a leer su artículo).
Tal vez a los que esperan que los "cerros bajen" todavía les falta entender que hay gente acostumbrada a vivir así porque no conocen otra forma de vivir. Los que sabemos que esto está mal tenemos que conectarnos de alguna forma con esas personas, entenderlos y luego hacerles entender es posible emprender un camino hacia la prosperidad, siempre y cuando la sociedad civil y el Estado puedan efectivamente vigilar y preservar las instituciones que garantizan la paz social, de lo contrario bueno, solo lea las noticias y entérese.