Pareciera que tiene poco sentido que justo cuando estás más ocupado y más cansado, es cuando mayor es la necesidad de salir a compartir un rato con tus seres queridos.
Jamás puse demasiado interés en celebrar mis cumpleaños, hasta cantar el Cumpleaño Feliz me daba flojera. Pero tal cual como establecen los principios microeconómicos, basta con que algo se torne relativamente escaso para que su valor aumente. Y así fue, cuando empecé a despertar el día de mi cumpleaños en una casa que no era la mía, en compañía de personas que no eran mis familiares, mi percepción acerca de las celebraciones de cumpleaños cambió.
Durante tres años los primeros en felicitarme en persona fueron los señores de la residencia y mis amigos de la universidad, que forman parte de mi familia adoptiva, más tarde la pasaba con mi familia por consanguinidad, con estos últimos siempre en celebraciones muy modestas que generalmente se resumían en una cena fuera de casa en algún sitio que me llamara la atención.
Este año mi cumpleaños fue un día sábado y empecé a celebrar el viernes. Salida al cine, un desvelo hasta la medianoche para que los que estaban conmigo me pudieran felicitar a las 12 en punto; madrugar a las 5 AM del sábado para ir a Lidera, regresar con un relajo en el bus, por mi cumpleaños. Llego a mi casa, a recibir visita hasta casi la medianoche, y de ahí salgo a un local nocturno hasta las 4 AM. Me despierto a las 9 AM del domingo y a mediodía salgo a celebrar otra vez, hasta las 6 PM que llego a mi casa, de nuevo, y para no salir más durante las seis horas que le quedan al fin de semana.
El sábado en la noche, Jesús me veía después de escucharme cantar el Cumpleaño Feliz -si cantarlo- y me preguntaba "¿cómo puedes tener tanta energía?". Sencillo amigo, yo ya estaba convencida de que el costo de oportunidad de irme a dormir, a pesar del cansancio, era demasiado alto. Era justo y necesario aprovechar nuestra excusa anual para darle al ocio prioridad en la agenda.
Este año mi cumpleaños fue un día sábado y empecé a celebrar el viernes. Salida al cine, un desvelo hasta la medianoche para que los que estaban conmigo me pudieran felicitar a las 12 en punto; madrugar a las 5 AM del sábado para ir a Lidera, regresar con un relajo en el bus, por mi cumpleaños. Llego a mi casa, a recibir visita hasta casi la medianoche, y de ahí salgo a un local nocturno hasta las 4 AM. Me despierto a las 9 AM del domingo y a mediodía salgo a celebrar otra vez, hasta las 6 PM que llego a mi casa, de nuevo, y para no salir más durante las seis horas que le quedan al fin de semana.
El sábado en la noche, Jesús me veía después de escucharme cantar el Cumpleaño Feliz -si cantarlo- y me preguntaba "¿cómo puedes tener tanta energía?". Sencillo amigo, yo ya estaba convencida de que el costo de oportunidad de irme a dormir, a pesar del cansancio, era demasiado alto. Era justo y necesario aprovechar nuestra excusa anual para darle al ocio prioridad en la agenda.