Es que tu siempre has sido así: te graduaste de la universidad en nueve semestres, cuando saliste de preescolar te querían mandar directo a segundo grado ¿no te acuerdas? Es más, naciste un mes antes de la fecha estimada de parto que la ginecóloga le dio a mi mamá ¡hasta para nacer te adelantaste!
Eso fue lo que me dijo mi hermana cuando le di a mi familia la noticia de que me estaban postulando para una promoción extraordinaria en el trabajo. Ahora ya es un hecho. Tras un año en el cargo de consultor I, no me convertí en consultor II, sino en Consultor Senior. La evolución progresiva que en condiciones normales toma entre dos y cuatro años, a mi (en condiciones no precisamente normales, sino más bien adversas en algunos casos) me tomó un año. Un año en el que me ha cambiado el horario de dormir (ahora madrugo más), un año en el que he perdido muchísimas horas en el tráfico, en terminales y aeropuertos, un año en el que me apuntaron dos veces con un revólver, un año durante el cual más de una vez pensé que no escribiría esta entrada. La entrada en donde celebro mi primer ascenso en la firma. De hecho, mi primer ascenso en mi carrera profesional como economista.
Yo lo analizo y siento que haber vivido de forma tan intensa este año debería ser equivalente a vivir cuatro años a una velocidad moderada ¿no? Tal vez en cierto sentido si envejecí un poquito más rápido. La lección que puedo extraer de lo aprendido hasta este punto es: la ingenuidad y la ambición no hacen una mejor combinación que la madurez y la ambición, siempre acompañadas de una dosis adecuada de paciencia. Créelo: lo que no mata, te fortalece.