Ya lo decía yo durante el fin de semana. El sistema de transporte terrestre de esta ciudad, y este país en el que vivo, no da para tener mil obligaciones y andar a pie.
El martes pasado, a escasos metros de la empresa donde trabajo, una gandola chocó el carro de mi papá. En mi casa hay tres cosas que no pueden faltar, porque se desata el caos: mi mamá, el Internet y/o el carro.
No es sencillo abandonar los hábitos, menos cuando suponen comodidades. Viéndolo por el lado amable, me siento casi como una heroína cada noche cuando llego a casa y todavía me quedan fuerzas para conversar un rato o estudiar, y hasta puedo andar de buen humor. Debe ser porque en el fondo reconozco que esto es parte de crecer. Entiendo por qué la gente añora la universidad después de que la abandona y entiendo que solo con esfuerzo y constancia uno puede hacer los méritos y conseguir las recompensas para volver a sentirse cómodo.