lunes, 24 de diciembre de 2012

¡Feliz Navidad!

A estas horas no he terminado de arreglarme y ya empezó a llegar gente a mi casa, así que seré breve, igual mis lectores están ocupados. Les dejó un par de frases para reflexionar: 


[Navidad, hijo mío, es amor en acción. Cada vez que amamos, cada vez que damos, es Navidad]
Dale Evans


[Envolví mis regalos de Navidad con mucha anticipación este año, pero usé el papel equivocado. Verás, el papel que usé dice 'Feliz Cumpleaños'. No quería gastarlo así que sólo le escribí 'Jesús' encima]
Demetri Martin

lunes, 17 de diciembre de 2012

Celebrando con retroactivos

A mis amigos/colegas les toco graduarse en una fecha mágica, cabalística: el día 12, del mes 12 del año 2012, a las 12 del mediodía. 

Acompañarlos cuando hicieron su marcha triunfal por los pasillos de la facultad fue revivir la historia de hace cuatro meses. Andaba corriendo delante de ellos, al lado de ellos, detrás de ellos con casi la misma euforia que tenía el día que me tocó a mi. Cualquier excusa era buena para colearme en su marcha y Yune me dio el motivo perfecto cuando me designo fotógrafa oficial de ese momento estelar. 

Se me hacía difícil verlos y no pensar en "Esta debió ser nuestra marcha", "Esta debió ser nuestra celebración". Otra vez cantar Color Esperanza y Venezuela en la plaza roja, pero con ellos, otra vez los fuegos artificiales en la plaza de la Paz (si, esa donde está la mano con forma de paloma), verlos ceder el estandarte y bailar gaitas con sus togas y birretes, para romper casi por completo el nexo emocional que me tenía vinculada a la universidad.

Después de eso viene el típico "hasta luego" y un período de nostalgia mientras nos acostumbramos a nuestra nueva vida de profesionales. Luego el tiempo que uno le dedica a pensar en las nuevas responsabilidades desplaza todo lo demás, y quedan las fotos y los recuerditos que nos dio la mamá de Yune, incluyendo la copa grabada con mi nombre, para la champaña. Adicionalmente yo les dedicó una entrada del blog y el hashtag exclusivo para nosotros #ForeverMosqueteros.

Felicitaciones y hasta siempre colegas ;) 

lunes, 10 de diciembre de 2012

34,7 Km

¿Qué tan lejos queda Maracay de la Zona Industrial Pruinca en Guacara? A 34,7 Km por carretera, a 41 minutos. Eso dice la página Distancia entre ciudades, y es en parte una mentira. Si probablemente son 34,7 Km de carretera, autopista, choques, accidentes, barro y huecos, pero rara vez son 41 minutos de trayecto. Muy rara vez.

Ir y venir puede tomar hasta 6 horas en condiciones normales -normales, dado que cada vez son más frecuentes y pueden considerarse como tal-. El tiempo que paso en carretera suele ser muy poco productivo, apenas puedo estudiar, y puedo dormir sólo si el tráfico fluye, pero eso no suele ocurrir. Cada vez que el autobús se detiene, la alarma de ansiedad, angustia y resignación se enciende y empieza la preparación psicológica "No vas a llegar al curso, tenlo por seguro, con suerte duermes esta noche en tu casa".

En las mañanas es lo mismo, si tengo que detener el carro por una cola, la alarma es "Ahora sí, vas a llegar tarde a la oficina, tenlo por seguro, como a las 9 con suerte".

Ya hoy determiné cual es el milagro que quiero ver esta navidad: la reparación del viaducto 100% concluida y operativa. En su defecto, por favor Niño Jesús, quisiera un helicóptero con piloto incluido.  

lunes, 3 de diciembre de 2012

Mínima cuota de sensatez

Estoy segura de que tenía el billete en la mano, lo saqué del monedero justo después de sentarme ahí, al lado de la ventana, donde se duerme mejor en el bus. 

Me puse los audífonos, los lentes de sol, la cartera sobre las piernas, los brazos sobre la cartera en la típica postura "a la defensiva", y sostuve el billete con la mano derecha mientras esperaba que el colector pasará a cobrar, pero él empezó por los asientos de la parte de atrás del autobús, y yo estaba casi al lado de la puerta. 

Bueno, cierro los ojos dos minutos mientras él cobra a los de atrás, aunque me incomoda no poder empezar a dormir al instante. Al poco rato, el "Señorita, pasaje por aquí, por favor" me toma por sorpresa. Me había quedado dormida. Ya no tengo el billete en la mano, ni siquiera la tengo cerrada. El autobús está repleto de gente y oscuro. No pasa nada, busco otro billete, pago y ya. 

Fue sólo un billete, a cualquiera se le puedo perder uno. Menos mal no llevaba en las manos el carnet de la empresa, los audífonos, el teléfono, el monedero... o un volante. Mi fiebre por aprender a manejar duró varios años, pero después de aprender, esa misma fiebre se me paso muy rápido. Casi toda la vida deseando que me regalen un carro, y en tres meses de viaje en autopista ya deseo con la misma intensidad que el carro incluya chófer.