Una vez completado, todo proceso y todo trámite parece menos complicado y tortuoso que al principio, cuando a veces no parece tener ni pies ni cabeza. Después del "si", el "ok", el "aprobado", el "aceptado" o el "admitido" todo parece posible, posible sin peros.
Hoy, con la llegada del correo del IESA donde formalizan mi admisión a la maestría en finanzas, visto en retrospectiva todo parece tan sencillo que hasta me río por haberme tardado tanto en completar el proceso de admisión, que incluyó la prueba, llenar la planilla y armar la carpeta que ahora es mi expediente de estudiante.
La admisión en el IESA es una oportunidad que abre nuevos horizontes y demanda la necesidad de trabajar duro y creer en mi misma y en mi capacidad de sobrellevar las dificultades que se puedan presentar en esta parcela, que es el país en donde vivo, durante los próximos dos años. ¿Se puede? ¡Si, si se puede! Solo hay que tatuarse en la mente que esto es un trabajo de rezar en mitad de una tormenta, y por nada del mundo dejar de remar hasta llegar a la orilla.
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