lunes, 24 de marzo de 2014

Sobre la semana pasada y el por qué no publiqué

En estos días es muy sencillo justificar el retraso de un compromiso, basta con decir que una guarimba no te dejó salir de tu casa o que algún cuerpo de orden público o del ejército (PNB, GNB) te bloqueó el paso. No fue mi caso el lunes pasado, gracias a Dios. Aunque para mi sigue siendo una tragedia quedarme sin Internet, tampoco fue eso lo que pasó. Simplemente hay experiencias que no puedes evadir del trabajo, y si trabajas con auditores es muy difícil que nunca te toque "darle la vuelta al reloj" o permanecer hasta altas horas de la noche en tu oficina o en la del cliente. Como parte de la novatada me tocó el lunes pasado, llegué a la casa a la 1:10 am del martes.

Después de eso fue complicado hallar un momento para escribir algo aquí, aunque la semana tuvo suficientes sucesos como para contar algo. Mi favorito (sarcasmo, fue el más trágico) ocurrió el miércoles cuando estaba esperando el autobús en la estación de metro La California y casi linchan a un supuesto ladrón en plena Avenida Francisco de Miranda. Tal vez olvide otros detalles, pero el trauma que me dejó el sonido de un casco de motorizado chocando con furia contra la humanidad de aquel muchacho, mientras la gente decía "¡Dale pa' que aprenda!" creo que no lo olvidaré jamás. Mientras estuve ahí no apareció ni un policía. Ese mismo día, un número importante de efectivos de la GNB estaban en Chacao y Altamira. 

Pasé casi todo el jueves tratando de recordar esa clase de macroeconomía donde relacionaban la violencia con el desarrollo. La lectura es de Robert Bates y se llama "Prosperidad y violencia". Que desagradable tener que darle la razón al señor Bates así, siendo testigo de cómo la gente crea mecanismos de control social a la fuerza (bruta) porque no hay confianza en las instituciones que se supone que deberían velar por que las personas no sean victimas de lo que Bates llama "depredación", que no es más que una situación de conflicto donde el objetivo es apropiarse de las riquezas acumuladas por el otro. Según él, las sociedades sin instituciones o con instituciones débiles tenían dos opciones para protegerse de esta depredación: desarrollar sus propios mecanismos de defensa o dejar de acumular riquezas (eligir ser pobres) para garantizar la paz.

Que rabia, que rabia que se me haga tan familiar eso.

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