lunes, 9 de julio de 2012

Torneo de debate: exigente, agotador, inolvidable

Así fue mi más reciente clase de Lidera. Pasé el sábado despierta desde las 5:30 de la mañana hasta la medianoche. De todas esas horas despierta, casi doce horas las pasé en la sede del IESA en Caracas, recorriendo los pasillos y los salones mientras transcurría el torneo de debate.

Ese torneo constituía una evaluación más del programa. Habíamos sido advertidos y en mitad de otras miles de responsabilidades más, nos tocaba estudiar para esto.

Nos dieron unas mociones -sentencias, afirmaciones- y nosotros debíamos recopilar información para construir un discurso en apoyo a la moción o en contra de la moción. Es un trabajo que requiere mucha paciencia porque tienes que hacerte muchas preguntas tipo Sí digo esto ¿cómo puede refutarme el otro equipo? ¿Cuál es el punto débil de la posición que defienden los otros? ¿Cómo puedo desarmar sus argumentos? ¿Cómo hago para que no desarmen los míos?

Uno siente que nunca termina de prepararse para esa clase de competencias. La única forma de acabar con la ansiedad, los nervios y la presión es viviendo la experiencia. Creerse el defensor de algo que en la vida real nunca apoyarías, ser racional en lugar de pasional, emplear la lógica, atacar al argumento y no a la persona, ser tolerante, saber escuchar, ser consistente y mantener tus principios hasta el final. Son todas las cosas que aprendí con la acción del debate en si mismo. La gran lección del sábado. Lo que no habría aprendido ni con dos meses más de preparación. 

Esta publicación va dedicada a mi equipo de debate: Gustavo, Yoel, Gabriela, Yorman, Hermógenes, Rosa, Gabriel, Raymar, Mariangel y Jesús. Equipo 19, sin su valentía y actitud ganadora no lo hubiésemos logrado ¡felicitaciones por las victorias!

No hay comentarios:

Publicar un comentario