lunes, 1 de septiembre de 2014

Sueños, planes y hechos

"Tengo algo que decirles, y prefiero decirlo yo antes de que se enteren por otras personas. Me voy de la firma. Me salió trabajo en Lima" 

Con esas palabras mi gerente sentenció el inicio de una de las semanas menos productivas que hemos tenido en la oficina, comparable solamente a nuestro nivel de dispersión en los meses de febrero y marzo cuando llegaba a nuestro 7mo piso el olor del gas lacrimogeno que la GNB repartía en la Plaza Francia de Altamira.

- Mi antiguo jefe fue trasladado a Bogotá, empezó este lunes, y ahora nuestro gerente se va a Lima. Eso tiene que ser la señal de algo...

- Es la señal de que estamos bien jodidos, chamita

Así fue el resto de la semana. Hablar de él allá y de nosotros aquí, de su suerte y de la nuestra, de lo que dicen los Runrunes de Bocaranda, de lo que dice César Miguel Rondón, de lo que dice Luis Vicente León. Preguntas, conjeturas y escenarios, mucha incertidumbre y una que otra respuesta, pero más nada. 

A diferencia de lo que ocurre con los libros o las películas en los que somos lectores o espectadores, el final de nuestro drama colectivo no está definido con la suficiente precisión como para saber que va a pasar con cada uno de nosotros y cuáles son las acciones que más nos conviene tomar. Hay que resistir de forma activa y generar planes alternativos -aunque parezca una tarea cada vez más difícil-, porque es una de las pocas cosas que cada uno puede hacer en el intento de asegurarse una mínima cuota de bienestar mientras pasa y se termina este chaparrón de pesimismo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario