lunes, 9 de junio de 2014

Pero la culpa es mía

En Venezuela no se vive, se sobrevive. 

En mi casa dicen que la principal responsable soy yo, que fue mi culpa. que me han dicho que no debo caminar sola de noche, que no debo ir por la calle escuchando música, que no debo exhibir accesorios llamativos u ostentosos...

El jueves pasado iba caminando a la altura de Parque Miranda, no eran las 6:30 pm de la tarde todavía pero estaba oscuro, entonces dos muchachos, que llevaban a un niño como de cinco o seis años (si, de cinco o seis años) me interceptaron. Noté que uno de ellos trató de bloquearme el paso cuando estaba frente a mí pero no pude hacer nada para evadirlo. Estaba armando. Me puso la pistola a la altura del estomago y me tocó dos veces con el cañón. "Dame el celular disimuladamente o te disparo aquí mismo". Mucho menos cortés que el ladrón de Chacao, y mucho más insistente, se retiró con sus compañeros apenas tuvo el celular en sus manos. Esa noche hasta ahí llegó su trabajo, al menos con la víctima que suscribe.  

De más está decir que los siguientes días han sido bien incómodos pues han supuesto mi lento proceso de recuperación pos-trauma. Mientras voy internalizando el grado de peligro que corrí, me toco el estómago, la cabeza, los brazos y las piernas para asegurarme de que en serio no me disparo y que no estoy viviendo un episodio tipo Sexto Sentido o Los Otros. Creo que he llorado poquito, que es bastante considerando que no lloro a menudo o por cualquier cosa. Cada vez que repaso la secuencia de hechos en mi cabeza, surgen fácilmente al menos cuatro preguntas: ¿por qué fui tan ingenua y cómo no me dí cuenta de lo peligroso que parece y que en efecto es ese tramo de la Av Rómulo Gallegos? ¿cómo podría ese sujeto que me robo, valorar más el celular que mi vida? ¿por qué llevaban a ese niño con ellos? (algunos opinan que lo usan como señuelo, sea cual sea la razón es repugnante) ¿por qué no me disparo?

Hace apenas tres meses intentaron robarme en Chacao. Bueno, de hecho robaron a quien andaba conmigo, a mi no me quitaron nada porque no llevaba nada en ese momento (ni siquiera el celular). El que nos robó andaba armado y recitó el mismo guión salvo que usó un par de palabras bien desubicadas como "disculpa corazón" cuando se marchaba y se desplazaba a la moto en la que escaparía. Luego este episodio. El viernes exploré en Twitter y me encontré con los relatos de Aglaia Berlutti y Francisco Lugo (víctima de un asalto en un autobús, y testigo de un asalto en una farmacia, respectivamente), y así puedo hacerles un blog que todos los días publique una historia de asalto distinta.

Los consuelos son los típicos "Gracias a Dios estás bien" y "lo material se recupera" los entiendo ahora más que nunca y los agradezco, pero las sugerencias de comprar dos celulares (uno para el malandro y otro para mi) o tener que habituarme a andar con miedo por la calle son cosas que sinceramente me indignan. Claro, la indignación es un sentimiento propio de los vivos y eso me alivia un poquito. Tal parece que la mayoría de las personas está acostumbrada a esto, tanto así que lo del jueves es culpa mía.

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