Hoy fue una de esas noches de monólogo que comenzó con una pregunta y terminó con una decena de interrogantes sin contestar. Suele suceder ¿qué otra cosa podría yo esperar del momento histórico que vivo en mi país?
A mi me gusta mantenerme ocupada, de otra forma me cuesta sentirme útil. Sin embargo, he escuchado que las mejores ideas llegan cuando uno está "desconectado" de lo que hace todos los días. Me hubiese gustado probar eso en vacaciones pero no me salió muy bien el experimento, no pude desconectarme de todo, sólo de Twitter, y cuando llegué esta mañana a Caracas y vi como amaneció Chacao, no me costo mucho entender por qué sentí un malestar en la garganta mientras caminaba por la avenida Francisco de Miranda o por qué el nombre del municipio sigue siendo TT a esta hora. Al salir del trabajo, la Guardia Nacional Bolivariana exhibía sus motos y vehículos estacionados frente al edificio del Tribunal Supremo de Justicia y el Ministerio de la Vivienda, ambos con la fachadas cubiertas con láminas de zinc para evitar agresiones de los manifestantes. Un espeluznante inicio de semana.
Uno se cansa de no poder conciliar el sueño, o de no poder dormir bien, y no voy a escribir que el tiempo de Dios es perfecto porque esa frase ya la acuñó alguien más pero si vale la pena ser un poco paciente, darle tiempo al tiempo para que termine de enderezar (para bien o para mal) algunos senderos.
Ya no falta nada para terminar el primer tercio del año y cumplir tres meses de protesta. Amanecerá y veremos Venezuela, amanecerá y veremos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario