lunes, 17 de junio de 2013

Lo que no está en los libros

Y después de casi diez meses, ya puedo decretar cuál fue la mejor lección que aprendí en mi primer trabajo. No, no tiene que ver con Excel, con Lotus Notes, con SAP o con los recursos de la Intranet. Tiene que ver con la gente.

Durante mi viaje de la semana pasada tuve una importante conversación con mis compañeras de trabajo. Traté de explicarles lo que me gustaba del trabajo, lo que no, y porque a veces rendía mucho y a veces rendía poco. Fue un segundo extramuro, que a mi parecer enfrenté de una forma bastante satisfactoria, hasta me siento algo orgullosa. 

No es fácil ser sincero con la gente, si se te pasa la mano pecas de grosero, y si tus interlocutores se sienten ofendidos y de una conversación desencadenas una confrontación, pero aún (al menos desde mi punto de vista). Al final, estas experiencias son como las medicinas, amargas cuando te las tomas, pero necesarias y útiles en el mediano y largo plazo. Ya al final del viaje le comentaba a mi jefe que me había gustado la experiencia, porque en serio esto nunca lo hubiese aprendido en la universidad, y él me dijo -palabras más, palabras menos- ¿Sabes por qué no lo enseñan en la Universidad? Porque no se puede enseñar como lo demás, sólo se aprende cuando lo vives.

Yo aún tengo mucho, pero muchísimo que aprender y vivir acerca de relaciones interpersonales. Por ahora anticipo mi agradecimiento a Carlos (Pepo) Gaviria, de Forja Consultores, quien fue uno de nuestros facilitadores en el extramuro de Lidera, y a Ilse Gómez y a Erika Hernández, de Murá Servicios de Consultoría Organizacional, que apoyaron al equipo de ventas la semana pasada. Son geniales y transmiten una vibra demasiado buena. Por culpa de ellos fantaseo con ser coach y practicar kundalini yoga y tai chi.

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