lunes, 18 de febrero de 2013

El final de la montaña rusa

Nos estábamos reintegrando a clases en Enero, y escuché que una de las facilitadoras le preguntó a unos compañeros sí estaban cansados, creo que a ellos les sorprendió un poquito la pregunta y la respuesta fue, en mi apreciación, una respuesta defensiva tipo "¿Nosotros? ¡No vale! Si estamos encantados de madrugar y venir a clases todos los sábados". 

La facilitadora les explicó que ella había hecho Lidera y que era muy común sentirse cansado, a veces desmotivado, ansioso por terminar, les dijo "Es como cuando ves una montaña rusa y te quieres subir, te subes y sientes la emoción de ir ascendiendo, y cuando llegas a la punta y ves el descenso, sólo piensas '¡me quiero bajar, me quiero bajar!'". 

Es la mejor analogía que he escuchado. Lidera no es un curso de sólo los sábados, es mucho más que eso, más que un curso y más que sólo los sábados, a veces los domingos también, como ayer. Había despertado a las 7 y algo, iba en el metro con Jesús y Daniel, aproveché de hacer un chiste para los tres "Entonces, ¿dónde están los que querían estudiar en el IESA?" Es un poco cruel, pero sentí la necesidad de verle el lado amable al asunto.

Cuatro sábados más y nos bajamos de la montaña rusa de la segunda fase del programa. Ya estamos terminando los proyectos de políticas públicas y ya estamos en modo nostálgico. Hasta apareció una foto de nuestra primera clase en Prebo. Cada año al final del programa, cada participante tiene su idea acerca de lo que es Lidera, yo ya tengo mi definición previa: cada sábado te deja una reflexión, y todo el tiempo que le dedicas al programa, una lección de vida.

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